A diario, todos convivimos con una enorme serie de agentes patógenos. Ya sea virus, bacterias y hasta hongos, nunca estamos exentos de interactuar con todos o algunos. Nuestro cuerpo es capaz de tomar resistencia a la mayoría, y no pasa nada. Pero, ¿qué sucede cuando éstos acampan a sus anchas en nuestros objetos de uso personal? ¿Alguna vez te has preguntado con qué tantas enfermedades convives cuando estás durmiendo?

Desde las sábanas, las cobijas, los cobertores, las colchas, y el mismo colchón, son el contendor perfecto de millones de gérmenes que podrían producirnos enormes enfermedades. Y aunque a menudo lavamos todos los anteriores, a veces en menor grado recordamos que, literalmente, dormimos con el enemigo. Y que éste se encuentra en las almohadas.

No es suficiente con lavar las fundas. Los cojines son capaces de almacenar infinidad de agentes de enfermedades; desde el simple polvo del día a día, hasta bacterias, cabellos, e incluso la piel muerta. Por eso es importante tener siempre limpias las almohadas. Y, si es posible, llevarlas con los especialistas en lavado, ya que no es fácil eliminar todos los gérmenes que éstas pueden albergar.

¿Qué es lo que más concentran las almohadas?

- Ácaros
- Bacterias
- Gérmenes patógenos como E. Coli, lepra y viruela (en caso de usar la almohada de lugares ajenos al nuestro)
- Pelos
- Piel muerta
- Saliva

La solución

En un estudio realizado en Inglaterra, encontraron en un milímetro de almohada, un millón de estafilococos, una bacteria que puede producir infecciones en heridas. Por eso es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:
- Cambiar fundas y sábanas una vez por semana
- Ventilar los dormitorios
- Lavar las almohadas a alta temperatura, al menos cada dos meses (se recomienda llevarlas a una lavandería)
- Reemplazar las almohadas cada dos años